9.09.2009

sobre la proyección ocasional de puntos medios

Nada en la repisa, sobre la mesa, después del té, antes de la cena. Nada en la mañana, de tránsito por la carrera 7ma, después de la ducha. Nada en el servicio de mensajería en tiempo real durante el día, entre los papeles y las llamadas, los planes y presupuestos. Nada entre los viernes y los sábados y los domingos. Nada en la novedad de lo desconocido, que nunca has visto, que no has leído, que jamás has escuchado antes pero que ya conoces de sobra. Nada en lo ya conocido, en donde buscas argumentos que sabes que no existen para inventarte razones que no necesitas. Nada en el frenesí corpóreo de tu instinto, al que dedicas la esperanza de hallar fuerza irracional para tomar decisiones que no dependen de él. Nada en las películas y sus mensajes, ni en su jerga superficial o exageradamente intelectual. Nada en las melodías conocidas, ni en las no habituales, ni en las que no existen hasta que llegan a tus oídos. Nada en los pasillos, ni razones en exhalaciones, ni puntos fijos invisibles en el cielo, ya fuere azul o fuere negro. Nada en las letras que escribes salvo la nimiedad misma de escribir como prueba de la nada. Nada.

Todas las tonterías juntas haciendo fila para poder ingresar exitosamente en tu mente y aportar su algo inútil al todo. Todas las bebidas ingeridas como pináculo indeleble probatorio del recorrido estático, para seguir inmóvil en el vivir que te impusiste. Todo el pasado en presente, ilógico e incoherente con los hechos innegables que ahora simplemente no tienen importancia para tu producción viciada y maniquea de recuerdos selectos y parcializados en slow motion y perpetuum mobile. Todo el derroche de desperdicios acumulados en minutos y horas dedicadas a la producción incesante de despropósitos deshumanizantes. Todos los discursos no elaborados, no manifestados, no escritos, no vapuleados, olvidados de la masa crítica de uno que quisieras espectadora. Todo el aliento abandonado tras la victoria y la dignidad en nombre de lo justo y lo correcto. Todo el choque de ideas en abierta guerra contra la lógica y la razón, falleciendo día a día en nombre del sinsentido de los sentidos. Todas las paradojas creciendo como hongos que hallan nutrientes en la putrefacta superficie que dejó el reducto de los cientos de infértiles emociones acumuladas en estos días. Toda la sumatoria de decisiones inconexas, iterativas, fluctuantes, que se roban el tiempo de ejecución sin llevar a ningún lugar en especial que no sea aquí mismo y ahora. 

En virtud de mis ausencias y en nombre de mis excesos me declaro defensor de los puntos medios, aunque mis recorridos lineales, extensos y exagerados no me permitan sino el rol de espectador.

1 comentario:

  1. Además de filosófico, poético.

    Es bueno, reconfortante, tener a tus letras de vuelta.

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