Borrar la intemperie. Eliminar una a una las letras que formaron las palabras, que formaron las frases, que formaron las bases de la historia que nos contamos de los dos. Olvidarse del peroné y del fémur y de la clavícula y de cada una de las vertebras de la columna de esta idea corpórea que tengo de ti. Emancipar el aire por nuevos aires contaminados, dañinos, opacos pero ajenos a este aire. Expulsar la digestión no culminada de este cambio de telón. Desterrar la conjunción de conjeturas conexas a nuestra comunión de copiosos colapsos concomitantes. Corregir los arrepentimientos exánimes, las excusas delirantes y las disculpas a destiempo. Sepultar las proyecciones tardías, los descubrimientos inútiles, las sapiencias post adolescentes. Soslayar la conciencia, las nostalgias, y la gnosis empírica conjugada en el-ahora-pero-entonces. Faltar a todos los ataques de nimiedad y vacuidad incesante, pero también al frenesí maniaco trepidante de mis invidentes emociones. Exorcizar mi yo presente y mi yo de antes en busca del no-yo que viva un poco más en paz. Fulminar todo atisbo de compasión, afecto y perdón en defensa del egoísmo, la soberbia y el libre albedrio. Amputar las expectativas de las extremidades de mi recuerdo, las esperanzas del lado estúpido de mi mente, y las huellas de la epidermis visible y oculta del mínimo pedazo que de mí dejaste. Incinerar tu existencia taxativa en mi existencia, producto del reducto de mi imaginario y tu ausencia. Ocultar la vergüenza latente tras el ejercicio de escribir, o no escribir pero desear hacerlo, o no escribir pero hablar, o no hablar pero igual estar aquí. Acortar el tiempo de este duelo que a todas luces ya se ha tomado demasiado.
9.22.2009
9.20.2009
sobre relativismos y finca raiz
…un día de estos, entre tantos espontáneos e improvisaciones, vamos a terminar haciéndonos tanto daño que toda esta inmundicia acumulada será apenas un remedo de nuestros momentos más felices en contraste.
… lo que no termino de saber es si nos arrepentiremos entonces, o si es acaso ese el lugar que nunca soñamos pero en el que merecemos vivir…
… lo que no termino de saber es si nos arrepentiremos entonces, o si es acaso ese el lugar que nunca soñamos pero en el que merecemos vivir…
para los de nichos conocidos de interacción
Un día sin nada particular, sin nada especial, sin diferencia medible con cualquier otro, opté por mantener la mirada fija en mis pasados, con la firme intención de no repetir los viejos errores que ya en otros momentos había encontrado alargando la línea de pasarme factura. Pensé era una buena táctica la de ser creativo en mis equivocaciones y excesos, no sólo para no repetirme, sino para encontrarme con nuevas maneras de meter -apoteósica y míticamente- la pata… y es que aun para los errores debiera uno observar parámetros de acción que minen lo mediocre y que privilegien la habilidad y el esfuerzo.
Un día después a ese día, y sin notar la relación, opté por ser consecuente con mis pensamientos y mis emociones, porque pensaba en ese momento que la coherencia en mi propia estructura discursiva podría fortalecer mis pequeñas victorias y agregar visibilidad a mis nichos de interacción. Siempre me resultó importante aquello de estimular mi auto-percepción -y la ajena- bajo la sombra de un mismo patrón que evidenciara solidez y carácter.
Un día noté que mis viejos errores, mis errores de siempre, mis errores acometidos, realizados, pasados, vistos en fotografías y en recuerdos, traídos a colación entre cicatrices y una que otra languidez liquida, eran en realidad una doble falacia: ni son errores, ni son pasados.
Resultó que la construcción juiciosa de mi es la sumatoria empañetada de aciertos y desengaños que, juntos, desembocan en mi, mis escritos y mis ratitos de frenesí. Resultó que aquella expectativa de modificar lo no bueno y quedarse con lo no malo agrieta los cimientos y se convierte en cuota inicial de catástrofes identitarias. Resultó que el yo es resultado de la sumatoria de patrones autodestructivos y positivos manifiestos en perfecta simbiosis inquebrantable, inmodificable, inagotable. Por consiguiente, mis errores no son errores: son actos consecuencia de ser yo mismo. Mis errores además no son pasados: son atemporales y ligados a mi propio patrón de existencia.
No obstante -y en contraste-, mi coherencia entre ideas, pensamientos y emociones me invitan a no vivir en los mismos agujeros si acaso pudiese evitarse. Mi lógica discursiva pretende que sea más lógico, y la entiendo: tiene lógica.
Así, en la encrucijada entre el ser y el deber ser estoy seguro que no hallaré matrimonios felices, y sospecho sin embargo que el ser le dará al deber una paliza, pero el deber me hará la vida imposible el resto de mis días, mientras siga siendo. Consciente como estoy de lo bizantino del conflicto, me preparo a continuar en mis paradojas y contradicciones el tiempo que resta, pero advierto desde ya a los de los nichos conocidos de interacción que cambien sus apuestas y apunten sus astrolabios a nuevos nortes: no debieran ya esperar mucho de mí.
9.19.2009
Narciso
Sólo en mis espacios pequeños. Presente todo el tiempo pero franco únicamente en mis instantes mínimos. Grande en sus manifestaciones pero insatisfactoriamente discreto. Pusilánime ante mis razones pero indeleble, definitivo, certero.
Mis tiempos se matizan, se estiran, se disminuyen, se desperdician en medio de mi insistencia. Mis presentes se dilatan de la mano de los segundos que quedaron y el espectro expectativa que existía en los por venir. La obstinación de mi incapacidad continua determinándose en darme un conocimiento enciclopédico de la experiencia vacía de estar tan lleno de esta nada. La naturaleza del ahogo ofrece clases a domicilio, incluidos dominicales y festivos, y no precisa a su elemento para hacerse entender en este idioma que no hablo.
Todos mis poros hacen fila por una huella del olvido y un rastro de sentido que no exija vacuidad. Todas mis razones tomaron vacaciones y dejaron únicamente secuencias de consonantes que creen formar palabras, que a su vez creen formar frases, que a su vez creen formar razones que no gocen de días de asueto. Todas mis intenciones fracasan ante mi indiscutible habilidad por concentrarme en lo real, obviando la tendencia del mundo a no reparar en reverendos despropósitos. Todo mi ser habita en otro ser, y me queda apenas para todos los días el remedo de la persona que en todos estos años no alcancé a construir.
A manera de estrategia tomaré más té y galletas, mientras que me fumo los minutos. En consecuencia, me margino del espejo y decido no volver a aparecérmele enfrente hasta que no haya algo que valga la pena reflejar. En definitiva sigo adelante mientras que respire como reflejo mecánico y no porque lo piense.
9.09.2009
sobre el libre tráfico de fluidos
Cuando logras que en un beso no te termine de alcanzar la espontaneidad para el necesario impulso entre tus labios y los de ella, es que has alcanzado el exquisito y mítico momento en donde logras darte cuenta que el torrente de emociones que antes confluía ante el llamado de la lengua y la saliva, no requiere de sus tradicionales componentes orgánicos sino del pajazo mental y emocional como determinante para el libre tráfico de fluidos.
…aun sin llegar a besarla nunca…
…aun sin llegar a besarla nunca…
sobre la proyección ocasional de puntos medios
Nada en la repisa, sobre la mesa, después del té, antes de la cena. Nada en la mañana, de tránsito por la carrera 7ma, después de la ducha. Nada en el servicio de mensajería en tiempo real durante el día, entre los papeles y las llamadas, los planes y presupuestos. Nada entre los viernes y los sábados y los domingos. Nada en la novedad de lo desconocido, que nunca has visto, que no has leído, que jamás has escuchado antes pero que ya conoces de sobra. Nada en lo ya conocido, en donde buscas argumentos que sabes que no existen para inventarte razones que no necesitas. Nada en el frenesí corpóreo de tu instinto, al que dedicas la esperanza de hallar fuerza irracional para tomar decisiones que no dependen de él. Nada en las películas y sus mensajes, ni en su jerga superficial o exageradamente intelectual. Nada en las melodías conocidas, ni en las no habituales, ni en las que no existen hasta que llegan a tus oídos. Nada en los pasillos, ni razones en exhalaciones, ni puntos fijos invisibles en el cielo, ya fuere azul o fuere negro. Nada en las letras que escribes salvo la nimiedad misma de escribir como prueba de la nada. Nada.
Todas las tonterías juntas haciendo fila para poder ingresar exitosamente en tu mente y aportar su algo inútil al todo. Todas las bebidas ingeridas como pináculo indeleble probatorio del recorrido estático, para seguir inmóvil en el vivir que te impusiste. Todo el pasado en presente, ilógico e incoherente con los hechos innegables que ahora simplemente no tienen importancia para tu producción viciada y maniquea de recuerdos selectos y parcializados en slow motion y perpetuum mobile. Todo el derroche de desperdicios acumulados en minutos y horas dedicadas a la producción incesante de despropósitos deshumanizantes. Todos los discursos no elaborados, no manifestados, no escritos, no vapuleados, olvidados de la masa crítica de uno que quisieras espectadora. Todo el aliento abandonado tras la victoria y la dignidad en nombre de lo justo y lo correcto. Todo el choque de ideas en abierta guerra contra la lógica y la razón, falleciendo día a día en nombre del sinsentido de los sentidos. Todas las paradojas creciendo como hongos que hallan nutrientes en la putrefacta superficie que dejó el reducto de los cientos de infértiles emociones acumuladas en estos días. Toda la sumatoria de decisiones inconexas, iterativas, fluctuantes, que se roban el tiempo de ejecución sin llevar a ningún lugar en especial que no sea aquí mismo y ahora.
En virtud de mis ausencias y en nombre de mis excesos me declaro defensor de los puntos medios, aunque mis recorridos lineales, extensos y exagerados no me permitan sino el rol de espectador.
9.04.2009
A manera de introducción
No es que no sepa de donde vengo, la historia reciente, la proyección potencial existente, la lectura de presagios… hacía donde apuntan las cábalas. No es que desconozca el listado de ausencias, la pila de defectos, la secuencia de imperfecciones, las equivocaciones acometidas. No se trata de estar sumido en depresivas cadenas de eventos que se consolidan como posibles casos psiquiátricos de estudio universitario especializado. No es siquiera la negativa a mis positivos -o lo mismo pero viceversa-.
Desde mi punto de vista creo que se parece más a aquel tipo de diatriba generalizante, injusta, desproporcionada, descontextualizada, ingenua si se quiere. Aquella clase de elegía que se manifestaba iracunda, frenética pero nimia de cuando crees tener la razón en todo. Es más similar a una rabieta de aquel momento en que te comunicas con alaridos y el mundo no parece entender tu excelsa sapiencia acumulada en seis meses de vida.
Desde mi punto de vista creo que se parece más a aquel tipo de diatriba generalizante, injusta, desproporcionada, descontextualizada, ingenua si se quiere. Aquella clase de elegía que se manifestaba iracunda, frenética pero nimia de cuando crees tener la razón en todo. Es más similar a una rabieta de aquel momento en que te comunicas con alaridos y el mundo no parece entender tu excelsa sapiencia acumulada en seis meses de vida.
Es, finalmente, responsabilidad de la hermenéutica, la propedéutica, la mayéutica –entre otros males- que exigen a tu frágil concepción exageradamente humana, emotiva e irracional, que piense, interprete y procese de manera lógica y encausada aquellas fútiles eventualidades del día a día.
El lastre resulta de no lograr ver lo fútil en lo eventual, no alcanzar a interpretar como poco importante lo que quizá no sea tan poco importante. El inconveniente se suscita cuando procuras trivializar tu propia conjunción de sensaciones en nombre de la redención emocional y la altura evolutiva. La falla arremete cuando no alcanzas a ser más grande que tus pensamientos, pero el pensamiento sin embargo se mantiene indeleble en la base estructural de los análisis.
En consecuencia, sin peligro de enloquecer pero con el riesgo de enloquecer a tu entorno, mutas a una maraña de paradójicos comportamientos, posturas, actitudes, desvelos y manifiestos, que irracional e inevitablemente golpean de manera aleatoria el desarrollo espontáneo de los minutos de un día cualquiera, saltando de minuto a minuto, y de hora en hora, entre pensamiento y pensamiento. Así, sucede que te aventuras a una curiosa exploración introspectiva de necesidades y de múltiples satisfactores seleccionados que suelen no acertar en su fin último (o incluso en su fin primero) de resolver el problema. Por ello, irremediablemente, te encuentras en una balsa con un solo remo en donde orbitas en desplazamientos circulares que modifican su diámetro, según la fuerza que apliques al intento de movilizarte.
No es que aquella incapacidad de tráfico íntimo resulte por defecto bueno o malo en sí mismo. Es, tan tajante y pedagógico como suena, un proceso necesario para migrar entre A y B de manera exitosa, y retornar de una buena vez al imperio de los sentidos o a raciociniolandia, lo que sea que suceda primero.
Entretanto, y mientras algo sucede, me abrazo a mis rutinas, en cumplimiento responsable de mi yo tangible, palpable, corpóreo y muy consciente de la necesidad de estar activo y productivo en mi criolla y patriotera versión de mi matrix. Y también entretanto, me suscribo a nuevos y refritos deleites, para mantener estática y extasiada esta proyección de mi “yo varado”, para no terminar de enloquecerme -y a mi entorno-.
Es en este punto en el que acuden en mi auxilio las aceitunas y el gintonic, en todas sus diferentes versiones, para permitirme el dulce y el existencialismo, la superficialidad y la inflexión idiomática, lo banal y lo más banal, lo no acertado y lo más equivocado, lo insano y perjudicial, mientras termino de arribar, ya sea nadando o en esa balsa, hasta la otra orilla.
9.03.2009
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