9.19.2009

Narciso

Sólo en mis espacios pequeños. Presente todo el tiempo pero franco únicamente en mis instantes mínimos. Grande en sus manifestaciones pero insatisfactoriamente discreto. Pusilánime ante mis razones pero indeleble, definitivo, certero.

Mis tiempos se matizan, se estiran, se disminuyen, se desperdician en medio de mi insistencia. Mis presentes se dilatan de la mano de los segundos que quedaron y el espectro expectativa que existía en los por venir. La obstinación de mi incapacidad continua determinándose en darme un conocimiento enciclopédico de la experiencia vacía de estar tan lleno de esta nada. La naturaleza del ahogo ofrece clases a domicilio, incluidos dominicales y festivos, y no precisa a su elemento para hacerse entender en este idioma que no hablo.

Todos mis poros hacen fila por una huella del olvido y un rastro de sentido que no exija vacuidad. Todas mis razones tomaron vacaciones y dejaron únicamente secuencias de consonantes que creen formar palabras, que a su vez creen formar frases, que a su vez creen formar razones que no gocen de días de asueto. Todas mis intenciones fracasan ante mi indiscutible habilidad por concentrarme en lo real, obviando la tendencia del mundo a no reparar en reverendos despropósitos. Todo mi ser habita en otro ser, y me queda apenas para todos los días el remedo de la persona que en todos estos años no alcancé a construir.  

A manera de estrategia tomaré más té y galletas, mientras que me fumo los minutos. En consecuencia, me margino del espejo y decido no volver a aparecérmele enfrente hasta que no haya algo que valga la pena reflejar. En definitiva sigo adelante mientras que respire como reflejo mecánico y no porque lo piense.

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